Ya Es Hora

En 2017 comencé a trabajar en un noticiero en cadena nacional. Todos los Miércoles contaba con algunos minutos al final de la hora para comentar y recomendar eventos culturales. Sin embargo, en cuanto comencé a trabajar en el noticiero, mis noches se llenaron de insomnio, mis mañanas de ansiedad y mis días con una depresión silenciosa pero muy hiriente.

Siempre amenazado por el caos automovilístico de la Ciudad de México, yo llegaba una media hora antes y platicaba en el cuarto de producción con mis colegas y mi productora. Siempre platicábamos de algún tema interesante—¿qué tal la nueva película de Marvel?— e incluso reíamos de alguna otra broma, pero siempre, en el segundo plano, una pasarela de tragedias que nunca se ha detenido en la realidad del país era protagonista en el monitor. Desapariciones, robos, secuestros, violaciones, homicidios, feminicidios, narcotráfico y corrupción se pasean todos los días en la TV, y lo hacen con tal frecuencia y tal intensidad, que parecen hacerlo con un descaro orgulloso.

Por supuesto que los productores y los equipos de producción eligen la agenda mediática. En los primeros meses de la carrera de comunicación, los alumnos ya discuten sobre la teoría llamada “agenda setting”, que postula que los medios de comunicación masiva influyen con gran fuerza sobre los temas de interés del público dándole espacio y tiempo protagónicos a determinados temas. Es por ello que todos parecemos estar sincronizados frecuentemente en angustia (se devaluó la moneda), en enojo (fifís contra chairos) y hasta en esperanza (Vamos México, por el quinto partido). También es por ello que las personas que leen ciertos medios apoyan al movimiento feminista cada 8M y otros lo acusan de inapropiado. No solamente se trata de la agenda mediática, sino también del interés activo del público: leemos lo que queremos leer, vemos lo que queremos ver y creemos lo que queremos creer.

También existen medios alternativos de comunicación que pueden presentarnos otra agenda, informándonos sobre diferentes ejes: noticieros culturales, deportivos, económicos, astrológicos y hasta noticieros positivos (que exclusivamente presentan buenas noticias, inspiracionales y emotivas), pero la existencia de éstos, aunque de gran importancia, puede solamente ser un paliativo ante las terribles verdades. La oscuridad del mundo se aferra a las pupilas de nuestra atención y lo hace con fuerza. A veces no queremos ver la realidad, los defectos y los errores, pero es importantísimo recordar que el primer paso para remediar un mal es reconocerlo y comprenderlo.

Como ya lo mencioné, aquél año mi salud mental comenzó a decaer gravemente. Estar en el cuarto de producción es enterarse de algo que no puedes digerir: todas esas noticias terribles en noticieros son solamente una selección, pues hay muchos más eventos terribles cada día (incluso más graves) que, por cuestión de tiempo o agenda, no son publicados. No podría decir que se trata de un tema de censura—tampoco podría decir que no lo es— pero pensar que un noticiero que te puede dejar sin sueño y con el cuello tenso es solamente la superficie de algo horrendo.

Poco antes de finalizar mi participación en el noticiero, en 2020, se publicó el caso de la niña Fátima. Enterarse de ello fue como ver al diablo a los ojos, y recordar la gran cantidad de casos similares que habían desfilado por el noticiero desde que comencé ahí, fue como ver al mismo diablo humillando al mundo. Poco tiempo después, ya en la cuarentena por el COVID-19, mis recomendaciones culturales no tenían lugar: todo estaba cerrado. Las visitas a los museos, los estrenos de películas y el ballet tendrían que esperar pero, como siempre lo supe, mi sección era una especie de betún que cubría una hora de malestar con un poco de entretenimiento. Cuando dejé de trabajar ahí, pensé que mis males se irían, pero aquel insomnio, aquellos nervios por la inseguridad de nuestro país, aquella culpa por la maldad ajena y la reflexión de si podríamos hacer algo al respecto, nunca se fueron.

Es increíble lo impactante que puede ser algo a pesar de tener la fortuna de la lejanía con el momento y el lugar. Quizá no es tan comprensible para el público como para quienes tienen un contacto directo con cada caso, pero podemos comprender lo mal que están muchas cosas que suceden día a día. Se llama empatía, y es necesaria para crecer como individuos y como sociedad. Observar lo que sucede en el mundo y que quede fijo en la conciencia, aunque apartemos la vista, es algo que se sufre, pero que es más que necesario para cambiar al mundo.

El 9 de Marzo de 2021, un profesor (ahora ex-profesor) de derecho de la Universidad Panamericana preguntó en clase “¿Cuándo es día de los hombres? ¿Cuándo se les da derecho a faltar?” y exhortaba a sus alumnos a no ayudar a sus compañeras por haber faltado a clase con motivo de la iniciativa #UnDiaSinNosotras.

La verdad es que el 9 de Marzo no es un día oficial de asueto o descanso, pero es muy claro que tampoco lo es para las mujeres que se ausentan ese día. Es un día de lucha que nos invita a reflexionar sobre la terrible posibilidad de la ausencia de cada mujer, que siempre puede caer en manos de algo que podría evitarse. Habrá que preguntarse si lo reglamentario (o constitucional, como sugiere aquél profesor) es siempre lo correcto y habrá que recordar que, en algunos momentos de la Historia, se deben romper las reglas y las leyes para formular e implementar otras mejores. Como lo hemos visto en numerosas pancartas: no se cambia al mundo pidiéndole permiso.

Por otro lado, me parece que debemos revisar qué es lo que representa cada caso como el de este profesor de Derecho. Es muy desafortunado que alguien diga algo así, pero es muy afortunado que podamos tener la oportunidad de analizar cada uno de estos errores y torpezas. Tenemos que comprender, para después solucionar. “¿Y nos van a dar chance de faltar e ir a echar desmadre y vomitar?” preguntó a sus alumnos, muy seguro de la astucia de cuestionamiento. La verdad es que esta pregunta—de mal gusto, por cierto— arroja una luz generosa sobre una parte del problema: ¿ausentarse, echar desmadre y vomitar son cosas que haría un hombre en el supuesto “Día del Hombre”? ¿esas son las cosas que supuestamente hacemos “los hombres”? ¿Y si mejor celebráramos todos los días una masculinidad sana, libre de machismos, sin necesitar tomar cualquier tipo de protagonismo en el momento de una lucha que es de las mujeres para la sociedad?

A casi un año de haber participado en aquel noticiero por última ocasión, puedo confesar que aún me duele mucho, incluso cada día más, lo que sucede en nuestro país y en el mundo. Apartarme de la fuente nunca fue apartar la preocupación. Para bien o para mal, comprendí que la gente que hace aquél tipo de comentarios torpes o tiene estas perspectivas tiene todo el derecho de expresarse libremente, pero que quizá aún no comprende los mecanismos del mal que nos aqueja (¡me preocuparía tener un abogado así!). No culpo a la ignorancia, sino a la falta de empatía, la pereza y la indolencia.

Yo también quería voltear la mirada hacia otro lado cuando comencé a ver el problema. También quería perderme en los libros, en las películas de superhéroes, en las redes sociales y en la superficialidad de la moda. ¡Por supuesto que el mundo es mejor si se ve a través de un filtro color rosa! Pero hoy en día, el rosa es muy distante al universo de la mujer y el hombre que viven bajo sistemas irrespetuosos e irresponsables.

Practiquemos la empatía, el respeto, la solidaridad, la responsabilidad, la acción y la generosidad. En un mundo de humanos, siempre existirá el mal, pero siempre existirá la flama digna del espíritu por el bien y lo justo. Antes de ser mujeres, hombres, abogados, ingenieros, artistas… seamos humanos virtuosos.